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2.1
Introducción
Cuando
el tóxico llega al organismo, dependiendo de la vía de exposición,
entra en contacto con las superficies epiteliales del tracto digestivo,
del aparato respiratorio o de la piel. Cuando cruza esas membranas
y alcanza el torrente sanguíneo, se considera que el tóxico penetró
al organismo. La sangre lo transporta a los distintos órganos y
en uno o en varios de ellos puede llegar a causar un daño permanente.
La cantidad
de tóxico que penetra al organismo puede ser muy diferente de la
cantidad inhalada o ingerida, debido a que la substancia no siempre
está 100% biodisponible. Por ejemplo; el arsénico ingerido en el
agua se absorbe casi totalmente, pero se absorbe mucho menos si
el vehículo de ingreso es el suelo. El arsénico no está igualmente
disponible cuando está absorbido en las partículas de suelo que
cuando está disuelto en el agua. En este caso, para ingestas de
la misma cantidad de arsénico, una persona tendrá una concentración
mayor en sangre cuando el vehículo fue el agua potable.
Para
estudiar el transporte, modificaciones y destino de los tóxicos
dentro del organismo es necesario determinar la concentración de
las especies químicas que producen los daños, así como medir la
magnitud de esos daños.
Las
substancias que llegan a las superficies de contacto del organismo
con el medio ambiente lo penetran a velocidades diferentes, dependiendo
de sus propiedades fisicoquímicas y de las condiciones que existan
en la superficie de contacto, tales como, área y permeabilidad de
la membrana de contacto y magnitud del flujo sanguíneo en la zona
de contacto.
El xenobiótico
es transportado por la sangre a los distintos órganos del cuerpo
en los que se distribuye y en algunos de ellos puede llegar a producir
un daño.
Desde
el momento en que el tóxico penetra en el organismo empieza a ser
transformado por las distintas enzimas del organismo de las que
pueden ser substrato.
Al conjunto
de reacciones que convierten los tóxicos en especies químicas distintas
que pueden ser menos o más dañinas que el tóxico original, se le
da el nombre de biotransformación. Si los convierten en substancias
más dañinas se dice que el proceso fue una bioactivación y si lo
convierten en substancias menos peligrosas se dice que el proceso
fue una destoxificación.
Los
procesos de destoxificación normalmente consisten en incrementar
la polaridad de los xenobióticos lo cual los hace menos difundibles
a través de las membranas biológicas y más solubles en el agua,
lo cual facilita su excreción en forma de solución acuosa (orina).
Estos procesos reducen la cantidad de tóxico que penetra al tejido
blanco, así como, el tiempo de permanencia del tóxico dentro del
organismo y, por lo tanto reducen la magnitud del daño probable
a las células del tejido blanco.
Además
del tiempo y concentración de contacto entre el tóxico y el tejido
blanco también influyen en la magnitud del daño la toxicidad del
agente y el estado del receptor. Los daños producidos pueden ser
reversibles debido a que las células tengan capacidad de reparar
los daños que sufran o bien pueden ser irreversibles y producir
una transformación permanente, incluyendo la muerte de la célula,
en cuyo caso se dice que se produjo una respuesta tóxica.
A partir
del estudio de la relación que existe entre la dosis contactada
por un organismo y la magnitud de la respuesta tóxica se llega a
la estimación de los índices toxicológicos que son una medida de
la peligrosidad de una substancia. Este parámetro es el que se usa
para estimar los riesgos en la población expuesta a los tóxicos,
que se encuentran en los distintos medios que constituyen el ambiente
de una determinada población que, habita, trabaja o hace otros usos
de un sitio contaminado.
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